Llegamos tarde a una cena con amigos, el tiempo apremia, aún nos estamos poniendo los pantalones y por si fuera poco, no hemos comprado vino para llevar. Pero no nos preocupemos, siempre tenemos el viejo y socorrido mueble bar de nuestro padre.

Lo abrimos y ante nosotros vemos una ingente cantidad de vinos, uno detrás de otro, como las recias columnas que soportaban el peso de los antiguos templos romanos.

¡Cogemos el primero que vemos, nos acabamos de abrochar la camisa y allá que vamos!

Una vez allí, entregamos el vino al anfitrión, quién nos agradece el detalle de la botella y la sitúa en el centro de la mesa. Después del descorche (ardua tarea, teniendo en cuenta que el corcho estaba bastante destrozado) vertemos una pequeña cantidad de vino y…

Lo que debía ser vino es ahora un líquido marrón, con un olor agrio a más no poder, e imbebible.

¡Bien por nosotros! Hemos quedado como los invitados perfectos.

¿Pero, cómo podríamos evitar esta situación? Es sencillo, solo debemos tener en cuenta algunos consejos básicos para el correcto almacenaje del vino.

–         En primer lugar, debemos conservar el vino en un espacio donde no haya cambios de temperatura muy bruscos, ya que los extremos pueden dañar a los vinos.

–         Mantener los vinos alejados de la luz, ya sea solar o artificial, ya que puede hacer que el vino adquiera sabores no deseados.

–         Mantenerlos en posición horizontal. El vino debe estar en contacto con el corcho, para que este no se seque y no deje pasar aire.

¡No dejéis que un buen vino se os eche a perder por no tenerlo bien almacenado!