Terruño o “Terroir”: Es la base sobre la que se asientan las vides. Son espacios delimitados de terreno con características propias bien marcadas.

Clima: El clima afecta a la maduración de la uva y por lo tanto a controlar su nivel de acidez y de azucares.

Antigüedad y rendimiento de las vides: Aquellas vides más antiguas y con rendimientos más bajos suelen dar mayor calidad pero en menor cantidad.

Tipo de Uva: El tipo de uva determinará qué vino obtendremos, así pues, si usamos Tempranillo sabemos que obtendremos un tinto con cuerpo, en cambio si usamos Chardonnay, sabemos que obtendremos un vino blanco seco.

Mano del Enólogo: Es el último factor que interviene en la creación de un vino. El enólogo es el encargado de dirigir la producción del vino y por lo tanto el encargado de transmitir su personalidad al vino que está creando.

Podríamos hacer un símil entre estos factores y el deporte, el fútbol por ejemplo.

Aunque un entrenador (mano del enólogo) disponga de los mejores jugadores (vides y tipo de uva) y del mejor estadio y la mejor afición (terruño y clima), no tiene garantizado el éxito. Puede tratarse de un entrenador que no sabe aprovechar todas las cualidades que le aportan dichos factores y, con unas primeras materias de primera, obtener un vino de segunda.

Es por ello que aunque la uva, el clima y demás son vitales, el enólogo es fundamental para obtener un vino de gran calidad.