Cuantas veces, tomando un vino con algún amigo entendido, nos suelta… Vaya! Que buenos taninos! Que vino más tánico! Y claro, nosotros, intentando no quedar mal, asentimos con la cabeza, deseando, implorándole a los dioses para que no nos pregunte algo relativo a los taninos…

Muchos de vosotros os preguntaréis, ¿qué demonios son los taninos? Pues bien, a grandes rasgos, podríamos definirlos como una sustancia orgánica vegetal que podemos encontrar en los hollejos, pepitas, en la madera (de la barrica) y en los raspones de los racimos. ¿Pero, para qué sirven los taninos? Podríamos decir, que los taninos tienen 2 funciones básicas:

– Ayudan a envejecer el vino, ya que son ricos en sustancias conservantes.

– Junto a otras sustancias, potencia el color del vino.

Pero… ¿cómo distinguimos los taninos en un vino? El principal “síntoma” que notaremos al beber un vino tánico, es una sensación de astringencia y aspereza, sobretodo, en las encías, por lo que se nos secarán las encías, y además nos salivará la boca…